Pareja de hecho vs. Matrimonio

En la sociedad del siglo XXI en la que vivimos, el matrimonio continúa siendo la forma de unión predominante en Occidente. Sin embargo, son muchas las parejas que, en contra del convencionalismo, bien sea por ideales o por interés de adquirir ciertas ventajas legales, abogan por otro tipo de nexo oficialmente reconocido en nuestro Estado: la pareja de hecho.

En este artículo nos proponemos aclarar esta figura jurídica de actualidad, desmitificando las múltiples voces que se han esforzado en equipararla al matrimonio.

Definición, requisitos y normativa reguladora

También conocida por las expresiones “unión de hecho”, “unión paramatrimonial” o “convivencia more uxorio”,   la pareja de hecho se podría definir –tomando por referencia la definición de la Ley 11/2001 de Uniones de Hecho de la Comunidad de Madrid– como la unión estable de dos personas que conviven en pareja, de forma libre, pública y notoria, entre las que existe un vínculo afectivo similar al del matrimonio, sin estar unidas por éste.

Por lo tanto, para que se reconozca la existencia de una pareja de hecho, deben concurrir las siguientes circunstancias, entre otras que pueden exigirse adicionalmente por la Comunidad Autónoma correspondiente:

– Dos personas, con independencia de su sexo, pudiendo constituir una pareja heterosexual como homosexual.

– Ser mayor de edad o menor emancipado.

– No estar incapacitado judicialmente.

– Ausencia de parentesco en línea directa por consanguinidad o adopción.

– Ausencia de parentesco en línea colateral por consanguinidad o adopción hasta el tercer grado.

– Empadronamiento por uno de los miembros en la Comunidad Autónoma donde se pretenda demostrar la existencia del vínculo.

– La existencia de unos intereses comunes en el desarrollo de una vida familiar.

– La llevanza de una vida estable y duradera (hay Comunidades Autónomas que exigen ciertos períodos mínimos de convivencia previa para su registro como, por ejemplo, Madrid, que exige un vínculo de al menos un doce meses ininterrumpidos).

– Una relación pública y notoria, esto es, que se comporten frente a terceros de forma análoga a un matrimonio.

– Ausencia de unión por pareja de hecho con tercero o matrimonio en las dos personas.

– Inscripción en el Registro de Parejas de Hecho correspondiente. Este requisito depende de la Comunidad Autónoma en la que se vaya a inscribir la pareja en cuestión, ya que algunas lo recogen como obligatorio a efectos de constitución y existencia de la pareja de hecho (ej. Madrid, Andalucía, Comunidad Valenciana), mientras que en otras (ej. Cataluña, Extremadura) resulta voluntario, permitiendo la demostración de existencia efectiva de pareja de hecho por otros medios –capitulaciones paramatrimoniales ante notario, contratos privados entre la pareja, contratos de la pareja con terceros, empadronamiento común, declaraciones de testigos, hijos en común, etc. –.

Así pues, como hemos podido observar, no existe una ley de ámbito estatal que regule el tema de las parejas de hecho. Son las Comunidades Autónomas las que, en diferente medida, han dictado una serie de normas al respecto y han constituido sus respectivos Registros de Parejas de Hecho, extendiendo a éstas derechos y prestaciones equivalentes a los del matrimonio.

Principales diferencias entre la unión por pareja de hecho y por matrimonio

Con la relativamente novedosa inclusión en diversas leyes de la expresión pareja de hecho como sinónima o análoga al matrimonio, resulta muy extendida la errónea creencia de ambas figuras acogen los mismos derechos para las personas que se unen por las mismas.

En este apartado nos disponemos a desmentirla mostrando las principales diferencias existentes entre ambas.            

1ª diferencia: Regulación

Tal y como acabamos de exponer, la unión por pareja de hecho no cuenta con una normativa estatal, existiendo muchas desigualdades entre las parejas en función de dónde residan o se hallen inscritas. Por el contrario, el matrimonio, al estar regulado a nivel nacional, toda pareja unida por matrimonio será igual ante la ley, obteniendo los mismos derechos y prestaciones.

2ª diferencia: Régimen económico

Mientras que el régimen económico de los cónyuges se define legalmente en cuanto contraen matrimonio, pudiendo elegir entre gananciales, separación de bienes o la participación en ganancias, las relaciones económicas entre los miembros de las parejas de hecho se rigen por el principio de la autonomía de la voluntad. Así, éstos no están obligados a regirse por ningún régimen económico ni, en caso de así quererlo, a elegir entre regímenes prestablecidos, pudiendo celebrar entre ellos los pactos que estimen oportunos para ordenar sus relaciones económicas, siempre que dichos pactos no sean contrarios a las leyes, limitativos de la igualdad de derechos o gravemente perjudiciales para uno de los miembros.

3ª diferencia: Fiscalidad

A diferencia de los cónyuges, que tienen la opción de presentar la declaración del IRPF de manera conjunta o independiente según les aporte una mayor o menor reducción, los convivientes sólo pueden hacerlo de manera individual.

Asimismo, con respecto a las donaciones, las parejas de hecho tampoco disfrutan de las exenciones fiscales autonómicas que disfrutan los cónyuges, si bien, como luego veremos, sí que acceden en términos de igualdad a subvenciones, viviendas públicas y concesiones de ayudas y becas.

4ª diferencia: Permisos laborales retribuidos

A este respecto, el matrimonio y la pareja de hecho se equiparan en cuanto a los permisos laborales por enfermedad grave o muerte del otro conviviente, así como por paternidad o maternidad. Sin embargo, aún existen diferencias en relación a la obtención del permiso de quince días por matrimonio o inscripción como pareja de hecho en la empresa privada. La obtención de ésta por los miembros de una unión de hecho dependerá del reconocimiento por Convenio Colectivo del sector de aplicación.

5ª diferencia: Asistencia sanitaria

Al igual que el cónyuge, el conviviente también podrá disfrutar de asistencia sanitaria, siempre que demuestre una convivencia continuada durante un año.

6ª diferencia: Arrendamientos

La legislación de arrendamientos urbanos contempla el derecho de subrogación real en caso de fallecimiento del miembro titular del contrato tanto al cónyuge como a “la persona que conviva maritalmente”. No obstante, para esta última, establece el requisito de que acredite dos años de convivencia con el fallecido o que exista descendencia común.

7ª diferencia: Adopción

Pese a que teóricamente ambos tipos de uniones tengan los mismos derechos a este respecto, en la práctica, las parejas de hecho tienen que lidiar con exigencias burocráticas no exigidas a los matrimonios. Además, aunque no se recoja expresamente en ninguna normativa, hay Comunidades Autónomas en las que solamente pueden acoger temporalmente y otras en las que, de facto, se les imposibilita adoptar ni acoger.

8ª diferencia: Disolución de la unión

Mientras que el matrimonio se disuelve únicamente por la muerte o la declaración de fallecimiento de uno de los cónyuges o por el divorcio –una vez transcurridos al menos tres meses desde el matrimonio–, las uniones de hecho acogen más formas de disolución:

– Por muerte o declaración de fallecimiento de uno de los miembros;

– De común acuerdo, notificándolo e inscribiéndolo en el Registro;

– Por decisión unilateral de uno de los miembros, notificada al otro por cualquiera de las formas admitidas en Derecho.

– Por separación de hecho de más de seis meses.

– Por matrimonio de uno de los miembros.

Como puede verse, la extinción de la unión resulta más sencilla en las parejas de hecho que en los matrimonios. Resulta suficiente hacerlo de manera verbal, mediante documento privado o ante notario, en caso de existir reparto de bienes. En caso de confrontación, también pueden acudir, al igual que los cónyuges, a la vía judicial de forma contenciosa.

9ª diferencia: Hijos en común

Mientras dura la convivencia, la patria potestad y la guarda y custodia de los hijos puede ser conjunta o de una de las partes con consentimiento expreso de la otra, tanto en el matrimonio como en la pareja de hecho.

La diferencia viene con la ruptura de la unión, en la cual, el procedimiento legal para fijar las medidas en relación a los hijos varía según el tipo de unión: en el matrimonio, estas medidas se dilucidan en el correspondiente procedimiento de separación o divorcio,; por su parte, en la unión de hecho, el procedimiento a interponer es el de medidas paternofiliales.

10ª diferencia: Pensión compensatoria

Otra de las diferencias que se da en la fase de ruptura de la unión es la de la pensión que se acuerda para el miembro que ha resultado desfavorecido económicamente de dicha extinción. En el matrimonio, este es otro de los aspectos que se dilucidan en procedimiento de separación o divorcio. En la pareja de hecho, sin embargo, no cabe exigirla a no ser que los miembros lo hubieran pactado expresamente en escritura pública ya que, a falta de pacto, se presume que los miembros de la unión contribuyen equitativamente al sostenimiento de las cargas de ésta en proporción a sus recursos. En el caso de que la pareja hubiera previsto este aspecto expresamente, el procedimiento adecuado para su discusión no sería el de medidas paternofiliales, sino otro distinto: juicio declarativo ordinario en reclamación de compensación económica por ruptura de pareja de hecho, juicio más complejo y costoso.

11ª diferencia: Pensión de viudedad

El acceso a la pensión de viudedad de la Seguridad Social también impone diferencias entre las parejas unidas por matrimonio y las vinculadas de hecho. Mientras que a las primeras se les otorga el derecho con independencia del tiempo de duración del vínculo y de los ingresos del cónyuge superviviente, a las segundas se les impone una alta carga probatoria de la permanencia de su unión, debiendo acreditar:

– Inscripción en el Registro de Parejas de Hecho durante mínimo dos años con anterioridad a la defunción;

– Convivencia ininterrumpida en los cinco años anteriores al fallecimiento;

– Ingresos del miembro superviviente no superiores al límite fijado por la Comunidad Autónoma correspondiente.

12ª diferencia: Sucesiones y donaciones

Una de las diferencias más latentes es ésta del derecho a heredar de la pareja. Mientras que en el matrimonio, el cónyuge viudo tiene derecho al usufructo del tercio de mejora, los convivientes no tienen derecho a heredar de su pareja. Ello supone que, en las parejas de hecho, resulta necesario otorgar testamento respetando los derechos sucesorios de los herederos forzosos, sin corresponderle a la pareja ninguna parte por imperativo legal.

* * *

Como conclusión, todos hemos podido deducir que el matrimonio sigue otorgando muchos más derechos en cuanto a pensiones e indemnizaciones, mientras que la pareja de hecho guarda las ventajas de dejar mayor libertad a los convivientes para regir su relación, así como de simplificar la ruptura de la unión.

Así es que, por mucho que el legislador se empeñe en incluir fórmulas de equiparación del matrimonio con la unión de hecho, aún quedan muchos resquicios de la Ley por perfilar para lograr una cobertura análoga entre las dos figuras.

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