EL AMIANTO EN ESPAÑA

Todos hemos oído hablar alguna vez en la prensa o en programas de televisión sobre el amianto. En concreto, hemos escuchado casos de trabajadores que se han visto afectados por diversas enfermedades derivadas del contacto que tuvieron con este mineral durante años. Pero, ¿qué es lo que ha ocurrido realmente?, ¿las empresas que manejaban amianto sabían los riesgos que acarreaba este mineral?, ¿qué consecuencias acarrea el contacto con el amianto? En este artículo, trataremos de abordar todas estas cuestiones analizando el caso del amianto en España.

¿Qué es el amianto y por qué es peligroso?

El amianto, también llamado asbesto o uralita en España –ya que la empresa más conocida, con diferencia, que comercializaba el amianto se llamaba Uralita S.A.–, es un mineral muy resistente, ya que es ignífugo, aislante y resistente al agua, entre otros aspectos, que combinado con el cemento, daba lugar al llamado fibrocemento, material muy resistente y económico para la construcción. No obstante, también se ha utilizado mucho en otros sectores a lo largo de los años, como por ejemplo en la industria naval.

Una vez extraído de la roca natural, el asbesto tiene la propiedad de deshacerse en pequeñas partículas que al ser inhaladas o ingeridas se aposentan en los pulmones o en otros órganos, provocando así graves enfermedades.

Las enfermedades causadas por el amianto, en orden de más común a menos común, son: cáncer de pulmón, mesotelioma (cáncer de la célula mesotelial) y asbestosis (fibrosis pulmonar derivada del amianto). Todas ellas se caracterizan por un largo periodo de tiempo de latencia, es decir, que desde que se contrae la enfermedad hasta que ésta se manifiesta, se dice que pasan unos 20, 30 o 40 años. Así, la Organización Mundial de la Salud ha advertido que el amianto va a causar entre unas 110.000 y 150.000 muertes anuales a escala mundial y durante las siguientes décadas venideras, aun si se prohibiera radicalmente en este momento su uso en todo el mundo.

Historia del amianto en España

La industria del amianto en España estaba encabezada incuestionablemente por la empresa Uralita S.A. Esta empresa tiene su origen en una primera compañía creada en 1907 en Cerdanyola (Barcelona), llamada Roviralta, que 13 años después, en 1920, adoptó el nombre de Uralita. Pero fue en los años 60 cuando alcanzó sus años de esplendor en relación a las cotas de producción, ya que la familia March -cuya cabeza, el señor Juan March, era considerada la séptima fortuna de España- entró en la empresa como principal accionista.

Desde el año 40 había normativa que establecía que el amianto era una sustancia que debía ser manipulada bajo estrictas medidas de seguridad que, según denuncian los trabajadores, no se cumplían. Éstos alegan que trabajaron durante muchos años con el asbesto sin ningún tipo de medida de seguridad: ni buzos, ni guantes, ni mascarillas. Tampoco se lavaba la ropa que vestían mientras estaban en contacto con el amianto en el lugar de trabajo; es más, se la llevaban a sus domicilios para lavarla. Era habitual hacer revisiones médicas en las fábricas, en las que eran numerosos los casos de trabajadores con manchas en los pulmones. La respuesta de los médicos: “es cosa del tabaco”.

 

Situación legal

En la actualidad el asbesto sólo está prohibido en 56 países, entre los cuales se encuentra España, que lo prohibió de forma definitiva en 2002, cumpliendo así la orden emitida por la Unión Europea a sus Estados miembros de acabar con su comercialización en el espacio europeo antes del año 2005. No obstante, en el resto de países del mundo el uso del amianto está permitido, siendo el top tres de países que más lo comercializan Rusia, China y Brasil.

Como avanzábamos anteriormente, desde los años 40 existían normas que recogían medidas de seguridad que las empresas tenían que poner a disposición de los trabajadores para la manipulación del amianto. Incluso en el año 47 la asbestosis ya se consideraba enfermedad profesional derivada del contacto continuo con este mineral.

Hace unos cuantos años que muchos trabajadores afectados por enfermedades derivadas del amianto han acudido a los Tribunales para lograr un reconocimiento judicial de que le empresa era conocedora de estas medidas de seguridad y que, debida a su gran falta de diligencia en la disposición de las mismas, se han visto afectados por este tipo de enfermedades. Pero no sólo han acudido a instancias judiciales los trabajadores del asbesto; también lo han hecho familiares y vecinos de trabajadores que se han visto expuestos al mismo.

En la totalidad de los casos, las empresas han negado la existencia de dichas medidas de seguridad; alegan que no fue hasta la década de los 70 cuando se empezaron a conocer estudios de que el amianto era perjudicial para la salud de aquellos que estaban en contacto con el mineral. Sin embargo, hace poco más de un año se ha sabido que Uralita S.A. contaba con informes fechados en 1950 en los que reconocía que el amianto producía asbestosis. Este documento salió a la luz en unos juicios celebrados en Turín contra dos empresarios europeos del amianto, si bien la postura oficial de Uralita S.A. en España ha sido siempre la contraria.

Por suerte, son muchos los jueces que reconocen que las empresas no llevaban a cabo las medidas de seguridad recogidas por la normativa laboral. En ese sentido, el Tribunal Supremo dictó en pleno sentencia en la que afirmaba que, en el caso de Uralita S.A., ésta era conocedora de la legislación vigente en cuanto a medidas de seguridad, así como que sabía de las consecuencias médicas que se derivan de la exposición continua al amianto. Además, afirmó que la empresa en ningún caso puso remedio a dicha situación, sino que aumentó considerablemente el riesgo con su actitud.

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