PABLO IBAR, MEDIA VIDA EN EL CORREDOR DE LA MUERTE

Pablo Ibar, sobrino del mítico boxeador de la década de los 70 José Manuel Ibar “Urtain” e hijo de Cándido Ibar, pelotari profesional de cestapunta al otro lado del charco, es el único español en Estados Unidos condenado a la inyección letal.

Casi 22 años en prisión, 15 de los cuales se halla confinado en una celda de 2×3 metros cuadrados en el corredor de la muerte en la prisión de Raiford, Florida. Sin ventanas y con el sanitario al lado de su cama, sólo sale de su celda unas pocas horas a la semana.

Propaga y afirma incansablemente su inocencia de la acusación de su participación en un triple asesinato del cual sólo existe una única prueba muy controvertida para su incriminación: un vídeo oscuro y granulado en el que no se diferencia su rostro.

Los hechos

Los hechos se remontan a finales de junio de 1994, cuando se produjo un triple asesinato en la localidad de Mirarmar, Florida, contra el dueño de un local nocturno, Casimir Sucharski, y dos bailarinas, Sharon Anderson y Marie Rodgers, en el interior del domicilio de aquél. Estos hechos fueron grabados por la cámara de vigilancia del propio domicilio, en la que se ve cómo dos hombres irrumpen en la casa y, tras agredir a las víctimas, uno de ellos les dispara terminando así con sus vidas. Al final de la grabación, uno de ellos, el que no realiza los disparos, retira la camiseta con la que se cubría el rostro, captando la cámara una imagen del mismo. Esta persona es, supuestamente, Pablo Ibar. Sin embargo, estas imágenes, en blanco y negro, granuladas, sin sonido ni claridad, son de muy mala calidad.

La investigación concluyó con las detenciones de Pablo Ibar y Seth Peñalver, supuesto compañero en la comisión de los crímenes, el 25 de agosto de 1994, dando así inicio al periplo judicial en el que se han visto inmersos durante tantos años.

El primer juicio que se celebró en mayo de 1997 fue declarado nulo el 5 de enero de 1998, ya que el Jurado no llegó a un acuerdo sobre el veredicto.  El segundo juicio se inició un año después, el 11 de enero de 1999, y en la fase de selección del Jurado, el abogado de Pablo Ibar fue detenido por agredir a una mujer embarazada, por lo que Ibar presentó una moción para cesarlo, moción que, finalmente, fue rechazada por el Tribunal, si bien acordó el aplazamiento del juicio. El enjuiciamiento de Seth Peñalver, por el contrario, continuó y concluyó con su condena a muerte. Finalmente, el tercer juicio tuvo lugar en el año 2000, proceso que culminó con la condena a muerte de Pablo Ibar y su consiguiente envío al corredor de la muerte.

Las pruebas

La prueba fundamental en la que el Fiscal basó su acusación era la grabación de la cámara de vigilancia que se encontraba en el domicilio de Sucharski. Sin embargo, las huellas dactilares halladas en el lugar de los hechos no coincidían con las de Ibar; tampoco los restos de sangre ni el pelo encontrado en la camiseta con la que supuestamente se había cubierto el rostro. En definitiva, ningún resto de ADN hallado en el lugar o en la camiseta coincidía con el de Ibar. La única prueba que se utilizó para su incriminación fue la grabación que, recordemos, era de muy baja calidad.

Sin embargo, Pablo Ibar tenía coartada. En el momento en el que se produjeron los hechos se encontraba con Tanya, su novia en aquella época y mujer en la actualidad, en su casa. Así lo manifestaron en el juicio, tanto ellos como la prima de Tanya, pero el Jurado no tuvo en consideración dicha declaración, ni tampoco la declaración del único testigo, un vecino de Sucharski, que en el juicio declaró no estar seguro de reconocer ni a Pablo Ibar ni a Seth Peñalver.

Y a todo esto se le suma la mala defensa del abogado de oficio que llevaba el caso de Ibar. No hizo hincapié en estas declaraciones, ni solicitó un peritaje de un técnico en reconocimiento y análisis facial, fundamental para acreditar que el hombre que figuraba en aquellas grabaciones no era Pablo Ibar. Es más, tiempo después, y bajo juramento, el abogado, que en la época en la que defendía a Ibar, se vio envuelto en un escándalo por agredir a una mujer embarazada, declaró que no se hallaba en sus plenas facultades y que no realizó una defensa correcta. Reconoció que las evidencias contra Ibar se sostenían por los pelos y que existían contradicciones, pero que no fue capaz de reseñarlas ante el Jurado, por lo que se culpabilizó, incluso, de que terminara en el corredor de la muerte por su mala asistencia letrada.

Su abogado actual, Benjamin Waxman, ha solicitado un dictamen de un analista facial en el que se recogen hasta cinco discrepancias faciales entre Pablo Ibar y el asaltante que figura en el vídeo. Así, las formas de la barbilla, ceja derecha y labios son distintas; el tabique nasal del asaltante es más recto que el de Ibar, al igual que la línea de la mandíbula.  Estas cinco discrepancias son fundamentales a la hora de diferenciar los rostros de ambos. Además, según el experto, la prueba del vídeo jamás debería haber sido admitida en juicio, ya que era de muy mala calidad.

Pena de muerte, inyección letal

Estados Unidos es el cuarto país del mundo que más ejecuciones realiza, por detrás de China, Irán y Arabia Saudí. De los 50 estados que componen la unión, 32 mantienen la pena de muerte, siendo Florida, en la actualidad, el estado que lidera las ejecuciones en el país. Estableció la pena capital en 1979, y desde entonces han sido ejecutados 90 presos, los últimos 42 bajo el mandato de gobernadores republicanos, quienes justifican y creen necesaria la pena de muerte, si bien no existen evidencias científicas que aseguren que se trate de una pena efectivamente disuasoria. El apoyo a la pena de muerte en Florida ha caído en picado en los últimos años. El punto de inflexión, la muerte lenta y dolorosa de un preso al que el anestésico dejo de hacerle efecto antes de tiempo.

Pablo Ibar está sentenciado a morir, precisamente, mediante la aplicación de la inyección letal, la forma más habitual de ejecutar presos. En la prisión de Raiford, el procedimiento a seguir una vez que se va a hacer efectiva la condena, es trasladar a los presos de su celda a un pabellón diferente en el que esperan 45 días. Llegado el día, los trasladan a la sala, les atan en la camilla con correas y se les aplica la inyección letal, compuesta por tres fármacos: el primero seda a la persona, el segundo paraliza los músculos y el tercero provoca una pequeña arritmia que paraliza el corazón. Mediante este método de ejecución, los presos tardan entre 10 y 30 minutos en morir, pudiendo darse el caso de que el somnífero deje de producir efecto.

Hasta en dos ocasiones se ha ofrecido a Ibar la conmutación de su pena de muerte por la cadena perpetua y en ambas ocasiones ha rechazado el acuerdo: toda una vida en prisión por un hecho que no has cometido no es vida; es inocente y no cesará en demostrar su inocencia.

Situación actual

En el año 2012, el otro acusado, Seth Peñalver, quien supuestamente fue el autor material de los hechos, y tras 17 años en prisión, fue absuelto cuando se repitió su juicio. En el mismo, expertos en análisis facial testificaron a su favor.

Y ahora, en 2016, tras al recurso presentado por su abogado actual, el Tribunal Supremo de Florida ha decidido anular la pena de muerte de Ibar, con cinco votos a favor y dos en contra, ante la falta de pruebas que le conecten con el triple asesinato y ante la pobre asistencia letrada que recibió de su primer abogado.

Llega así la oportunidad de Pablo Ibar de tener un nuevo juicio justo.

Para más información sobre este caso, a continuación dos documentales en los que se realiza una entrevista con Ibar en la prisión de Raiford:

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